El pasado 25 de marzo, Barcelona Tribuna organizó la mesa redonda “Per un model econòmic sostenible” con el economista Antón Costas, presidente del Consejo Económico y Social; Teresa García-Milà, directora de Barcelona School of Economics (BSE); y Carles Puig de Travy, decano del Col·legi d’Economistes. El acto, emmarcado en el ciclo “Les noves muralles”, fue…
“Mi impresión es que estamos ante un cambio muy profundo de la economía de mercado, que requerirá de nuevos reequilibrios para optimizar los escasos recursos y la seguridad alimentaria, sanitaria y geopolítica” anunció Antón Costas. Cómo definimos, en democracias liberales, los nuevos equilibrios planteados es el quit de la cuestión.
Durante su intervención, Teresa Garcia-Milà defendió que “este modelo económico sostenible debe ser de crecimiento”. Pero advirtió que debía ser ‘inclusivo y socialmente responsable’. En este sentido, resaltó la importancia de la educación para que el modelo económico fuese viable. “Sin progreso tecnológico no saldremos adelante”, añadió.
A su vez, Carles Puig de Travy enfatizó en el impulso de la economía circular y la responsabilidad social de las empresas como activo y no como gasto.
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El pasado 22 de marzo, dentro del ciclo ‘Las nuevas murallas’, se celebró el Barcelona Tribuna ‘La necesaria reindustrialización’, una mesa redonda en la que participaron Josep González, presidente de honor de PIMEC; Jordi Renom, presidente de la Associació d’Enginyers Industrials de Catalunya; y Josep Sánchez-Llibre, presidente de Foment. Los tres coincidieron en la necesidad…
Tenemos un país con PYMES demasiado pequeñas, ‘es necesario un plan de gobierno a 5 o 10 años’ que tenga como objetivo impulsar el crecimiento de la pequeña y mediana empresa, diseñar una fiscalidad específica para PYMES e incentivar sus fusiones, pidió Josep González durante su intervención. ‘Hemos abusado del low cost y con la pandemia y la guerra nos damos cuenta de que carecemos de industrias imprescindibles en nuestra casa’. En este sentido, reclamó políticas de reindustrialización que apuesten por la autosuficiencia del país.
Jordi Renom, a su vez, afirmó que ‘estamos sobre diagnosticados’ y es necesaria una estrategia bien planificada para ‘actuar y potenciar el cambio‘. Es necesario preparar la sociedad y la industria para la escasez de recursos y la lucha contra el cambio climático. La reconversión industrial es necesaria hacia nuevos modelos de producción y consumo enfocados hacia la economía circular.
Josep Sánchez-Llibre alertó del riesgo de desindustrialización debido a políticas de decrecimiento impulsadas por determinados grupos políticos, y políticas fiscales y medioambientales ‘restrictivas y abusivas’.
Preguntados por los fondos Next Genration, los ponentes alertaron de cierta opacidad en la información por parte de la administración central y del riesgo de que el dinero no llegue a las pequeñas y medianas empresas.
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El pasado 23 de febrero se celebró, en el Caixaforum Macaya, el Barcelona Tribuna “El acceso al conocimiento” con Ismael Palacín, director de la Fundación Bofill; Joan J. Guinovart, director académico BIST Dolors Aleu Graduate Center; y Lluís Torner, director del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO).
El acto está enmarcado dentro del ciclo “Las nuevas murallas”, con motivo de los doscientos años de historia de Amics del País, y que pretende dialogar en torno a los principales retos que la sociedad de hoy debe hacer frente para proyectar su futuro. “Una de las murallas actuales a derribar es la creciente e incómoda desigualdad”, afirmó Miquel Roca, presidente de la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País durante su presentación. En este sentido, Ismael Palacín, Joan J. Guinovart y Lluís Torner conversaron en cómo el conocimiento puede luchar a favor de la cohesión social.
A principios del siglo pasado, menos de un 10% de los niños terminaban la escuela obligatoria. En 1970 existía un 80% de fracaso escolar. En 1980, el 40% de los jóvenes no seguían sus estudios post obligatorios. Pero desde 2000 somos uno de los países de Europa con mayor porcentaje de universitarios y una de las regiones del mundo (junto a Suecia y Países Bajos) con mayor ascensor intergeneracional social ascendente. Esto, dijo Ismael Palacín, ha sido gracias a ‘una generación que hizo la revolución construyendo escuelas para todos’.
Sin embargo, todavía hoy tenemos un sistema educativo muy segregado y una desigualdad preocupante en extraescolares, en matemáticas, ciencias e inglés, hecho que condiciona las oportunidades de los niños y jóvenes y, por tanto, la cohesión y la democracia de nuestra sociedad. ‘Las universidades de ciencias y tecnología son las más elitistas’ alertó Palacín. En este sentido, defendió que ‘el reto de nuestra generación debe ser el de garantizar el aprendizaje relevante y con sentido para todos‘.
En su turno, Joan J. Guinovart alertó del problema que tenemos con la falta de interés de los jóvenes por las matemáticas y las ciencias, problema que se agrava en las chicas. Hacen falta nuevas maneras de aproximar la ciencia y la investigación en primaria y secundaria porque “las sociedades que serán líderes en el siglo XXI son las que tengan los científicos más creativos, los ingenieros más innovadores y las universidades y centros de investigación mejor preparados” .
En este mismo sentido, Lluís Torner afirmó que es imprescindible tener gente cualificada y con pensamiento crítico en casa capaz de acceder, entender y valorar el nuevo conocimiento, ya que “si tenemos que ir a buscarlos fuera, no llegaremos a ellos a tiempo”. Además, llamó a las instituciones a vigilar que no vuelvan a construir barreras administrativas que frenen el desarrollo científico y la transferencia de conocimiento.
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El pasado 9 de febrero, Barcelona Tribuna invitó a Francina Armengol, presidenta del Gobierno de las Islas Baleares, a participar en una nueva sesión que tuvo lugar en el Caixafòrum Macaya, donde asistieron autoridades y personalidades destacadas del panorama económico y político catalán y balear. El acto llevaba por título Les illes Balears, avançant-nos al…
‘Una voz que habla del futuro con perspectiva de construir, desde la descentralización del poder político, una nueva realidad del estado‘ definió Miquel Roca, presidente de la Societat Econoòmica Barcelonesa d’Amics del País, a la presidenta durante la su presentación.
Francina Armengol inició su intervención defendiendo que ‘gobierna desde el federalismo’ en un territorio de cuatro islas con sus singularidades cada una. “Mi objetivo es plantear unas islas con mayor cohesión social, cohesión económica y sostenibilidad”. Por este motivo, hace bandera del constante diálogo con las diferentes instituciones y fuerzas políticas que han permitido un “amplio pacto de reactivación económica y un plan de inversiones estratégicas” para esta legislatura.
Uno de los principales focos del pacto es la diversificación de la economía balear (muy centrada en el turismo), utilizando los fondos Next Generation para invertir en sectores estratégicos como la energía verde, la economía azul y la transición energética.
Sin embargo, Francina Armengol reconoce que el principal motor económico de las Islas Baleares es el turismo. En este sentido, anunció que están trabajando para ser “el primer destino turístico circular del mundo”, implantando un plan de circularidad para cada hotelero donde se evalúe la gestión de residuos, el consumo energético y de agua, entre otros.
En relación a la aprobación de la reforma laboral, la presidenta Armengol destacó dos rasgos “muy importantes”: el diálogo y el acuerdo social después de 30 años y la consolidación de la negociación colectiva y el empoderamiento de los sindicatos y , por tanto, “de los trabajadores”. En cuanto a las Islas Baleares, la reforma laboral significa que ‘cincuenta y dos mil personas pasarán a tener un contrato indefinido, de los que trece mil son jóvenes‘.
Francina Armengol no dejó perder la oportunidad de perdir al presidente de la Generalitat de Catalunya, Pere Aragonès, que volviera a las mesas multilaterales para defender juntos un nuevo modelo de financiación, caducado desde 2014.
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Antoni Guerrero (AG): Avui ens acompanya el Dr. Álvaro Pascual-Leone per parlar de la seva càtedra sobre els efectes de la pandèmia en la salut cerebral. El Dr. Pascual-Leone és un dels màxims especialistes en salut cerebral, catedràtic de Neurologia a Harvard i director a l’Institut Guttman. La primera pregunta no és tant de caire científic, sinó vivencial. Com ha estat la teva experiència personal, des dels EUA, durant aquesta pandèmia?
Álvaro Pascual-Leone (APL): Ha sido un año (o más de un año) complicado por muchas cosas. En primer lugar, porque ante una situación como esta no se puede anticipar y, por tanto, las normativas, reglamentos y directrices iniciales tienden siempre a ser excesivamente protectoras. Por lo tanto, de un día para otro, de venir mensualmente a Barcelona, no pude viajar ni salir de Harvard. Resultó un cierre radical, un aislamiento muy grande. Surgió la necesidad de cambiar la manera de hacer las cosas para poder seguir trabajando, la incertidumbre a nivel personal de pensar qué iba a pasar con los hijos y el resto de la familia. Afortunadamente, nosotros hemos estado bien. Pero el sufrimiento causado por la Covid en mucha gente es tremendo y el impacto que ha tenido la pandemia sobre enfermedades previas a la Covid también ha sido muy grande. Además, como médico, querer mantener la calidad de la asistencia, aún sabiendo el riesgo a que nos exponíamos y exponíamos a la familia, también ha sido un factor de preocupación.
Además, ahora también me cuestiono si el planteamiento inicial de ¿cuándo se va acabar? – con la expectativa que es una pandemia que va a desaparecer – fue equivocado y nos tendríamos que haber planteado antes que la Covid es una endemia, que se va a quedar y que tendremos que aprender a convivir con esa realidad. Ha sido y continúa siendo un ejemplo de cómo de rápida y, al mismo tiempo, cómo de lenta ha sido nuestra capacidad individual y social de responder a lo inesperado. Y te das cuenta de la enorme capacidad que hay de respuesta y de los avances que se hacen, pero lo mal que se nos da el decir ‘esto no lo sabemos’ y explicar a la gente los vacíos de conocimiento y aceptarlos como algo en lo que tenemos que navegar juntos.
“Lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega”
AG: ¿Has visto diferencias notables en relación a la capacidad de afrontar la situación entre Estados Unidos y Europa?
APL: Sí, creo que hay muchas diferencias. No sólo entre EUA y Europa, sino diferencias mucho más locales; diferencias entre distintos estados de EUA y, en Europa, diferencias entre distintas regiones dentro de un mismo país. Creo que lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia del liderazgo del que hablé en el 2019 aquí en Amics del País, la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega. Los ejemplos que tenemos en la respuesta a la pandemia creo que ilustran lo bien que responde el pueblo y la ciudadanía a un liderazgo constructivo, que empodere a la gente a entender por qué debe de actuar de una cierta manera, en oposición al intento de directrices obligatorias que generan rechazo. En este sentido, hay diferencias muy locales. En la zona de Boston, hay diferencias entre ciudades y pueblos.
Más a nivel global, la respuesta en EUA ha sido muy, muy polarizada por razones políticas, con promesas en el contexto electoral muy polarizantes, que han creado tensiones en los discursos y que se han traducido mal en la aceptación de políticas de salud pública. Pero al mismo tiempo, la capacidad de respuesta del sistema sanitario en EUA ha sido mejor que en Europa. El riesgo a que la gente no pudiera tener acceso al tratamiento médico ha sido menor que en Europa.
AG: A mí me llamó la atención ver al cirujano general de los EUA, el máximo jefe de sanidad del Ejército, en un vídeo explicando cómo fabricarse una mascarilla doméstica con unas gomas y una camiseta, en un contexto en el que no había mascarillas para toda la población. Me pareció fantástico como ejemplo de solidaridad y liderazgo intelectual.
APL: Es cierto. Pero, por otra parte, una camiseta nunca te va a aislar realmente. Te hará sentir que estás haciendo algo, lo cual es bueno, y algo te va a proteger, pero (la camiseta) te protege de una forma ínfima. Creo que de nuevo vuelve a ser un poco el ejemplo de la respuesta rápida y excesivamente guiada por las ganas de asegurar o tranquilizar a la gente y asegurar que la situación está controlada cuando, en realidad, no lo está. En vez de esto, quizás si se hubiera explicado a la gente que no sabemos lo que está pasando, que esto es lo que hacemos para intentar entenderlo y, de momento, que esto es lo que podemos hacer, la gente hubiera entendido mejor la situación y hubiera sido más partícipe.
AG: Y a nivel de la afectación del virus sobre el sistema nervioso central ¿qué nos puedes explicar?
APL: Uno de los primeros síntomas que se reconocieron como tal, y que es bastante notable desde el punto de vista de una infección vírica en el sistema nervioso, es el desarrollo de la anosmia. La evidencia de que realmente hay una infección neurotrópica que entra en el sistema nervioso central es algo que sabemos. Si éste es el factor patogenético primario de la enfermedad o no es otra cosa. Pero que el virus tiene esa capacidad y que entra en el sistema nervioso primario está claro desde el principio, desde el punto de vista de los síntomas que presentaba, al menos, alguna gente.
Creo que es parte de la lección, que nos cuesta aceptar pero que es importante, que el diseño estadístico tradicional es un nivel de análisis distinto del caso individual. Es decir, si hay una persona, a la cual le puedes hacer la autopsia, que tenga partículas del virus en el sistema nervioso central, es posible que el virus entre en el sistema nervioso central. Esto abre la puerta a los posibles efectos a largo plazo de haber sido expuesto al virus.
Pero esta no es toda la historia. También hay una expectativa de miedo, de reacción funcional del sistema nervioso, de respuesta del sistema nervioso central a una infección más general que a su vez altera el funcionamiento del sistema nervioso. Entonces, parte de las cosas que se describen como efecto de la infección directa al sistema nervioso central, probablemente, no es efecto directo de la infección del sistema nervioso central, sino que es una manifestación de la alteración funcional causada en el sistema nervioso central por toda una serie de factores. No es que el virus haya entrado en el cerebro, es que si tú sabes que tu mujer está enferma y te preocupas por tus hijos y por el impacto financiero sobre tu empresa y el miedo que todo esto supone y la incertidumbre de lo que va a pasar, etc, esto supone un estresante enorme de nuestro sistema nervioso central que, además, puede estar afectado por la infección misma.
Entonces, creo que parte de la cuestión de patofisiología de cuál es la causa de la alteración neurológica o de salud mental que da lugar la pandemia es compleja porque hay muchos factores que influyen, no sólo el virus que entra en el sistema neurológico central. Sin que esto pase, puede haber muchos efectos. Y esto es de lo que nos estamos dando cuenta. El impacto sobre la función cerebral, la salud mental y el funcionamiento neurológico es enorme. No sólo por el neurotropismo del virus, sino por todos los correlatos que tienen que ver con las circunstancias de la pandemia en si misma
AG: Este síntoma tan frecuente de la neblina cerebral, esta dificultad para gestionar correctamente el pensamiento, ¿es debido a esta afectación general?
APL: Yo creo que en parte es fruto de esta afectación general, pero en parte es fruto, desde un punto de vista más conceptual, de cosas más concretas que tienen que ver con el efecto nocebo y placebo. Recientemente, el grupo de Harvard publicó que los efectos secundarios de la vacuna, en gran medida, son manifestaciones del miedo de la persona a los efectos secundarios de la vacuna. O sea, puro nocebo, expectativa negativa. Esto no es sorprendente. Esto ilustra la enorme capacidad de nuestro sistema nervioso central para ayudarnos a ponernos mejor pero también para ayudar a ponernos enfermos (entre comillas). Creo que parte de lo que estamos viendo como consecuencias, incluso como consecuencias a largo plazo del funcionamiento del sistema nervioso central después de la Covid, con infección o simplemente con la pandemia, son manifestaciones de esas alteraciones reales, no ficticias, reales multifactoriales. A la postre, manifestaciones de un fallo de la capacidad del sistema nervioso de sobrellevar un estrés crónico, que es lo que es la pandemia. Esto se puede acentuar aún más si tienes una infección que daña ciertos circuitos, ciertos sustratos.
“Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas”
AG: Se ha hablado mucho del efecto de la pandemia sobre la población general, pero ¿cuál ha sido el efecto desestabilizador de la infección en las personas con enfermedades mentales previas?
APL: Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas en general porque la atención médica está siendo desviada por la atención aguda del virus, porque el cuidado médico está afectado por la sobrecarga del sistema y porque, además, el insulto que supone la infección o el estrés de la pandemia altera el sistema nervioso central aún más en alguien que ya tiene una alteración. Porque la capacidad de reserva del cerebro está alterada. Entonces, a nivel de salud mental, a nivel de enfermedades neurológicas, a nivel de demencia, lo que estamos viendo es un augmento de discapacidad tremenda.
Hay un síndrome que describió un profesor francés,Capgras, que es algo que conocemos pero que es raro de ver. Es una ilusión en la que el enfermo no es capaz de reconocer como real a alguien que conoce bien. En el caso original, una señora pensaba que su marido era un impostor. Es el también conocido como síndrome del impostor. Yo había visto este síndrome en mi carrera, únicamente, dos veces, pero durante la pandemia de Covid ya lo he visto once veces en enfermos con demencia y enfermedades subyacentes que desarrollan un síndrome de Capgras. ¿Por qué? Porque hay detalles reales que han cambiado, que no entroncan con la memoria de las personas. Como, por ejemplo, una paciente que me dijo que su marido no podía ser su marido porque ‘su marido no está nunca en casa’. Esa realidad no entronca con la memoria de la mujer, y la alteración subyacente de demencia le hace difícil el entablar la lógica y recordar que hay una pandemia y que su marido no puede salir a la calle. Entonces, el sistema nervioso descompensa dando lugar a síndromes que, normalmente, son muy raros y que ahora, por las circunstancias, se promocionan.
Este aumento de síndromes lo estamos viendo en depresiones, en aumentos de suicidio, en la soledad de los niños, en alteraciones de relaciones sociales, en niños que no han jugado tanto como deberían y que son excesivamente cercanos a sus padres y que tienen miedo a relacionarse con otros niños y otros adultos porque no han tenido la oportunidad de aprenderlo. Yo creo que vamos a ver consecuencias de todo esto muy a largo plazo y durante mucho tiempo.
AG: ¿En este sentido, la epidemia va a dejar huella en la genética y la epigenética?
APL: Nuestro estilo de vida, nuestras experiencias, nuestra realidad cotidiana modifica y deja huella porque hace que la producción de nuestros genes cambie de manera que lo traspasemos a nuestras generaciones futuras. Estos cambios epigenéticos – sin duda aprenderemos mucho sobre ellos en los próximos años – van a tener una consecuencia muy muy grande para las generaciones actuales y, por esta traslación de factores epigenéticos, para las generaciones futuras.
AG: ¿Girando la mirada hacia atrás, qué analogías y diferencias ves respecto a la gripe española de 1918? Fue en el contexto de la primera Guerra Mundial, había habido una desgracia muy importante con factores postraumáticos derivados de la guerra.
APL: En muchos aspectos hay muchas similitudes y, en este sentido, hablar de una pandemia ahora como si fuera la primera vez en la historia de la humanidad es absurdo. Ni es la primera pandemia ni va a ser la última. Pero sí que es una pandemia distinta. Porque tenemos una movilidad inconcebible y la capacidad de saber lo que está pasando en otro lugar también es mucho mayor. Con lo cual, el beneficio del conocimiento es mucho mayor. Estados Unidos se benefició en la respuesta sanitaria del hecho de que Italia y España y Europa fueran por delante en la ola de la Covid. Esto dio tiempo a Estados Unidos para preparar la respuesta. Es decir, el conocimiento da tiempo en la respuesta, pero también te llega mucho antes la pandemia. Yo creo que hay similitudes que son obvias, pero al mismo tiempo hay unas circunstancias que hacen que el impacto sea mucho mayor. Para bien y para mal. Porque también existe ahora la posibilidad de ofrecer apoyo y estar conectado de una manera, de nuevo, impensable hace muy poco. O sea, la capacidad de relacionarse con gente por telecomunicaciones es espectacular.
AG: ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación y las redes sociales?
APL: Yo creo que la tecnología en general y los medios en particular permiten mantenernos conectados, distribuir la información y, al mismo tiempo, ponen una enorme responsabilidad sobre ellos de infundir información que sea real. Y hemos visto que este no ha sido el caso, por falta de responsabilidad ética de las instituciones de los medios, pero también porque los individuos, en expresión de su propio miedo, han aumentado el estallido. Hay mucho conocimiento aparente que son anécdotas salidas de contexto y desvirtuadas. Pero hay también la oportunidad de usar los medios y las conexiones de una forma constructiva. Y creo que hemos visto algunos ejemplos positivos.
“El impacto sobre la gente mayor ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento”
AG: Nos decía el catedrático Villena de la Universitat Autònoma de Barcelona el pasado noviembre, que esta experiencia nos había dado una lección de humildad intelectual. Nos creíamos que éramos el top de la pirámide y resulta que no, que los microrganismos son los que realmente dominan la tierra. También hablaba que la edad te daba una perspectiva mayor que la juventud. ¿Cómo ha afectado, por niveles de edad, la epidemia?
APL: Es cierto que situaciones donde es obvia la limitación del conocimiento por parte de las organizaciones, de las culturas y de las instituciones humanas deben llevar a una vivencia de humildad. Pero no estoy seguro de que esto sea una cuestión jerárquica. Somos mucho más interdependientes y menos jerárquicos de lo que pensamos. Pero a postre somos consecuencia y causa de juegos que no controlamos a nivel biológico y a nivel mundial. Esta perspectiva cambia con la edad y somos más conscientes de ello, yo creo, la gente mayor. La gente mayor somos más conscientes de la incertidumbre vital, de esa levedad de la existencia donde cualquier cosita – un microbio que no ves – puede cambiar completamente el mundo. Esto es lo de Nassim Taleb de El cisne negro: tienes que ver uno, y cuando ves uno, ya sabes que existe. Es raro, sí, pero ocurre. Cuanto más vives, más oportunidades hay de ver eventos de esta naturaleza. Creo que, en este sentido, la posibilidad de aceptar la pandemia como lo que es, como una realidad que no vas a cambiar, es mayor en gente mayor. Pero al mismo tiempo, esta gente también tiene mayor riesgo de enfermar, mayor riesgo de sufrir las consecuencias negativas de la soledad, tiene mayor dependencia del contacto social, etc. Porque el impacto sobre la gente mayor, en lo referente a lo que yo me dedico clínicamente, ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento y de falta de poder hacer y de aceptación al mismo tiempo.
AG: Has hablado de un aumento del riesgo de padecer ciertas enfermedades neurodegenerativas. ¿Qué sabemos sobre ello?
APL: Un aumento de la enfermedad misma no hay. Lo que es importante es que, cuando pensamos en enfermedades neurodegenerativas, no estamos realmente contabilizando la presencia de la enfermedad, sino su manifestación clínica. En este sentido, en el caso del Alzheimer, por ejemplo, 1 de cada 4 enfermos con la enfermedad de Alzheimer no desarrolla demencia. Tiene la enfermedad, pero no desarrolla demencia. ¿Por qué? Porque la capacidad de reserva del cerebro de sobrellevar la patología es suficiente para mantenerla en función. Esta capacidad se ve mermada, la resiliencia cerebral se ve afectada, por ejemplo, por situaciones como la pandemia y la incertidumbre. No la infección, sino todo el fandango que supone la pandemia. En esas circunstancias, el número de enfermos con Alzheimer no tiene que aumentar, pero lo probable es que aumente el número de aquellos que manifiestan la enfermedad, porque se merma la capacidad de reserva de todos nosotros. Entonces, lo que encontramos es que hay más gente con un grado de discapacidad mayor en presencia de una enfermedad. Yo creo que este es el gran impacto sobre enfermedades neurodegenerativas y sobre salud cerebral y salud mental que estamos viendo. No es que haya más gente con estas enfermedades, sino que es que hay menos capacidad de todos nuestros cerebros de sobrellevar las enfermedades – si existen – porque el cerebro está ocupado en sobrellevar el estrés tremendo y el impacto nocivo de una situación que es muy complicada para este órgano.
AG: ¿En qué proyectos de investigación estás participando en estos momentos?
APL: Una parte importante del proyecto de investigación que hacemos es, precisamente, entender cuáles son los factores individuales que promueven la resiliencia cerebral. O sea, qué hacen los cerebros que mejor sobrellevan situaciones imprevistas como la pandemia de la Covid19. Es cierto que la pandemia tiene efectos negativos sobre la salud mental, tal y como hemos dicho, pero no es cierto que todos y cada uno de los ciudadanos estén peor. Algunas personas no están siendo afectadas o, incluso, están mejor de lo que estaban. Es decir, hay diferencias en el impacto. Y hay diferencias en el impacto, en parte genéticas y de predisposición, pero en parte también por la capacidad del cerebro de cada una de esas personas de poner en marcha mecanismos que promuevan la resiliencia cerebral, la capacidad de sobrellevar un imprevisto tan notable como la Covid19. En este sentido, no es distinta esta capacidad de lo que ocurre cuando uno tiene Alzheimer o tiene cáncer o se le muere un padre. Es el mismo fundamento neurobiológico pero puesto a test total por una situación muy extrema. Y nosotros lo que estamos intentado es entender cuáles son estos mecanismos y, sobre todo, entenderlos para poder fomentarlos. En Boston, en el centro de mayores del Marcus Institute, estamos mirando específicamente estos mecanismos con relación a healthy aging, es decir, cómo se traducen estos mecanismos en tener un envejecimiento saludable, un envejecimiento que acepte los imprevistos de la vida. Y también aprender las lecciones de los mayores para poderlas trasladar a los menos mayores, cuando realmente deberíamos empezarlas a aprender, a los 15, 20, 30 años, …
AG: Quisiera trasladarte una pregunta que ha planteado uno de nuestros socios. ¿Después de haber tenido que modificar nuestros patrones de comportamiento, será posible recuperar nuestras costumbres anteriores a la pandemia una vez todo esto acabe? En caso afirmativo, ¿costará mucho tiempo, teniendo en cuenta el gran estrés que hemos vivido?
APL: Yo creo que aquello de que “no se puede desbatir el huevo batido” es particularmente aplicable al sistema nervioso humano o de cualquier otro animal. Es decir, no puedes desandar el camino andado. Esto es lo de Machado. Con lo cual, el planteamiento de la gente cuando dice ‘queremos volver donde estábamos antes’ es impos
Antoni Guerrero (AG): Avui ens acompanya el Dr. Álvaro Pascual-Leone per parlar de la seva càtedra sobre els efectes de la pandèmia en la salut cerebral. El Dr. Pascual-Leone és un dels màxims especialistes en salut cerebral, catedràtic de Neurologia a Harvard i director a l’Institut Guttman. La primera pregunta no és tant de caire científic, sinó vivencial. Com ha estat la teva experiència personal, des dels EUA, durant aquesta pandèmia?
Álvaro Pascual-Leone (APL): Ha sido un año (o más de un año) complicado por muchas cosas. En primer lugar, porque ante una situación como esta no se puede anticipar y, por tanto, las normativas, reglamentos y directrices iniciales tienden siempre a ser excesivamente protectoras. Por lo tanto, de un día para otro, de venir mensualmente a Barcelona, no pude viajar ni salir de Harvard. Resultó un cierre radical, un aislamiento muy grande. Surgió la necesidad de cambiar la manera de hacer las cosas para poder seguir trabajando, la incertidumbre a nivel personal de pensar qué iba a pasar con los hijos y el resto de la familia. Afortunadamente, nosotros hemos estado bien. Pero el sufrimiento causado por la Covid en mucha gente es tremendo y el impacto que ha tenido la pandemia sobre enfermedades previas a la Covid también ha sido muy grande. Además, como médico, querer mantener la calidad de la asistencia, aún sabiendo el riesgo a que nos exponíamos y exponíamos a la familia, también ha sido un factor de preocupación.
Además, ahora también me cuestiono si el planteamiento inicial de ¿cuándo se va acabar? – con la expectativa que es una pandemia que va a desaparecer – fue equivocado y nos tendríamos que haber planteado antes que la Covid es una endemia, que se va a quedar y que tendremos que aprender a convivir con esa realidad. Ha sido y continúa siendo un ejemplo de cómo de rápida y, al mismo tiempo, cómo de lenta ha sido nuestra capacidad individual y social de responder a lo inesperado. Y te das cuenta de la enorme capacidad que hay de respuesta y de los avances que se hacen, pero lo mal que se nos da el decir ‘esto no lo sabemos’ y explicar a la gente los vacíos de conocimiento y aceptarlos como algo en lo que tenemos que navegar juntos.
“Lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega”
AG: ¿Has visto diferencias notables en relación a la capacidad de afrontar la situación entre Estados Unidos y Europa?
APL: Sí, creo que hay muchas diferencias. No sólo entre EUA y Europa, sino diferencias mucho más locales; diferencias entre distintos estados de EUA y, en Europa, diferencias entre distintas regiones dentro de un mismo país. Creo que lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia del liderazgo del que hablé en el 2019 aquí en Amics del País, la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega. Los ejemplos que tenemos en la respuesta a la pandemia creo que ilustran lo bien que responde el pueblo y la ciudadanía a un liderazgo constructivo, que empodere a la gente a entender por qué debe de actuar de una cierta manera, en oposición al intento de directrices obligatorias que generan rechazo. En este sentido, hay diferencias muy locales. En la zona de Boston, hay diferencias entre ciudades y pueblos.
Más a nivel global, la respuesta en EUA ha sido muy, muy polarizada por razones políticas, con promesas en el contexto electoral muy polarizantes, que han creado tensiones en los discursos y que se han traducido mal en la aceptación de políticas de salud pública. Pero al mismo tiempo, la capacidad de respuesta del sistema sanitario en EUA ha sido mejor que en Europa. El riesgo a que la gente no pudiera tener acceso al tratamiento médico ha sido menor que en Europa.
AG: A mí me llamó la atención ver al cirujano general de los EUA, el máximo jefe de sanidad del Ejército, en un vídeo explicando cómo fabricarse una mascarilla doméstica con unas gomas y una camiseta, en un contexto en el que no había mascarillas para toda la población. Me pareció fantástico como ejemplo de solidaridad y liderazgo intelectual.
APL: Es cierto. Pero, por otra parte, una camiseta nunca te va a aislar realmente. Te hará sentir que estás haciendo algo, lo cual es bueno, y algo te va a proteger, pero (la camiseta) te protege de una forma ínfima. Creo que de nuevo vuelve a ser un poco el ejemplo de la respuesta rápida y excesivamente guiada por las ganas de asegurar o tranquilizar a la gente y asegurar que la situación está controlada cuando, en realidad, no lo está. En vez de esto, quizás si se hubiera explicado a la gente que no sabemos lo que está pasando, que esto es lo que hacemos para intentar entenderlo y, de momento, que esto es lo que podemos hacer, la gente hubiera entendido mejor la situación y hubiera sido más partícipe.
AG: Y a nivel de la afectación del virus sobre el sistema nervioso central ¿qué nos puedes explicar?
APL: Uno de los primeros síntomas que se reconocieron como tal, y que es bastante notable desde el punto de vista de una infección vírica en el sistema nervioso, es el desarrollo de la anosmia. La evidencia de que realmente hay una infección neurotrópica que entra en el sistema nervioso central es algo que sabemos. Si éste es el factor patogenético primario de la enfermedad o no es otra cosa. Pero que el virus tiene esa capacidad y que entra en el sistema nervioso primario está claro desde el principio, desde el punto de vista de los síntomas que presentaba, al menos, alguna gente.
Creo que es parte de la lección, que nos cuesta aceptar pero que es importante, que el diseño estadístico tradicional es un nivel de análisis distinto del caso individual. Es decir, si hay una persona, a la cual le puedes hacer la autopsia, que tenga partículas del virus en el sistema nervioso central, es posible que el virus entre en el sistema nervioso central. Esto abre la puerta a los posibles efectos a largo plazo de haber sido expuesto al virus.
Pero esta no es toda la historia. También hay una expectativa de miedo, de reacción funcional del sistema nervioso, de respuesta del sistema nervioso central a una infección más general que a su vez altera el funcionamiento del sistema nervioso. Entonces, parte de las cosas que se describen como efecto de la infección directa al sistema nervioso central, probablemente, no es efecto directo de la infección del sistema nervioso central, sino que es una manifestación de la alteración funcional causada en el sistema nervioso central por toda una serie de factores. No es que el virus haya entrado en el cerebro, es que si tú sabes que tu mujer está enferma y te preocupas por tus hijos y por el impacto financiero sobre tu empresa y el miedo que todo esto supone y la incertidumbre de lo que va a pasar, etc, esto supone un estresante enorme de nuestro sistema nervioso central que, además, puede estar afectado por la infección misma.
Entonces, creo que parte de la cuestión de patofisiología de cuál es la causa de la alteración neurológica o de salud mental que da lugar la pandemia es compleja porque hay muchos factores que influyen, no sólo el virus que entra en el sistema neurológico central. Sin que esto pase, puede haber muchos efectos. Y esto es de lo que nos estamos dando cuenta. El impacto sobre la función cerebral, la salud mental y el funcionamiento neurológico es enorme. No sólo por el neurotropismo del virus, sino por todos los correlatos que tienen que ver con las circunstancias de la pandemia en si misma
AG: Este síntoma tan frecuente de la neblina cerebral, esta dificultad para gestionar correctamente el pensamiento, ¿es debido a esta afectación general?
APL: Yo creo que en parte es fruto de esta afectación general, pero en parte es fruto, desde un punto de vista más conceptual, de cosas más concretas que tienen que ver con el efecto nocebo y placebo. Recientemente, el grupo de Harvard publicó que los efectos secundarios de la vacuna, en gran medida, son manifestaciones del miedo de la persona a los efectos secundarios de la vacuna. O sea, puro nocebo, expectativa negativa. Esto no es sorprendente. Esto ilustra la enorme capacidad de nuestro sistema nervioso central para ayudarnos a ponernos mejor pero también para ayudar a ponernos enfermos (entre comillas). Creo que parte de lo que estamos viendo como consecuencias, incluso como consecuencias a largo plazo del funcionamiento del sistema nervioso central después de la Covid, con infección o simplemente con la pandemia, son manifestaciones de esas alteraciones reales, no ficticias, reales multifactoriales. A la postre, manifestaciones de un fallo de la capacidad del sistema nervioso de sobrellevar un estrés crónico, que es lo que es la pandemia. Esto se puede acentuar aún más si tienes una infección que daña ciertos circuitos, ciertos sustratos.
“Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas”
AG: Se ha hablado mucho del efecto de la pandemia sobre la población general, pero ¿cuál ha sido el efecto desestabilizador de la infección en las personas con enfermedades mentales previas?
APL: Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas en general porque la atención médica está siendo desviada por la atención aguda del virus, porque el cuidado médico está afectado por la sobrecarga del sistema y porque, además, el insulto que supone la infección o el estrés de la pandemia altera el sistema nervioso central aún más en alguien que ya tiene una alteración. Porque la capacidad de reserva del cerebro está alterada. Entonces, a nivel de salud mental, a nivel de enfermedades neurológicas, a nivel de demencia, lo que estamos viendo es un augmento de discapacidad tremenda.
Hay un síndrome que describió un profesor francés,Capgras, que es algo que conocemos pero que es raro de ver. Es una ilusión en la que el enfermo no es capaz de reconocer como real a alguien que conoce bien. En el caso original, una señora pensaba que su marido era un impostor. Es el también conocido como síndrome del impostor. Yo había visto este síndrome en mi carrera, únicamente, dos veces, pero durante la pandemia de Covid ya lo he visto once veces en enfermos con demencia y enfermedades subyacentes que desarrollan un síndrome de Capgras. ¿Por qué? Porque hay detalles reales que han cambiado, que no entroncan con la memoria de las personas. Como, por ejemplo, una paciente que me dijo que su marido no podía ser su marido porque ‘su marido no está nunca en casa’. Esa realidad no entronca con la memoria de la mujer, y la alteración subyacente de demencia le hace difícil el entablar la lógica y recordar que hay una pandemia y que su marido no puede salir a la calle. Entonces, el sistema nervioso descompensa dando lugar a síndromes que, normalmente, son muy raros y que ahora, por las circunstancias, se promocionan.
Este aumento de síndromes lo estamos viendo en depresiones, en aumentos de suicidio, en la soledad de los niños, en alteraciones de relaciones sociales, en niños que no han jugado tanto como deberían y que son excesivamente cercanos a sus padres y que tienen miedo a relacionarse con otros niños y otros adultos porque no han tenido la oportunidad de aprenderlo. Yo creo que vamos a ver consecuencias de todo esto muy a largo plazo y durante mucho tiempo.
AG: ¿En este sentido, la epidemia va a dejar huella en la genética y la epigenética?
APL: Nuestro estilo de vida, nuestras experiencias, nuestra realidad cotidiana modifica y deja huella porque hace que la producción de nuestros genes cambie de manera que lo traspasemos a nuestras generaciones futuras. Estos cambios epigenéticos – sin duda aprenderemos mucho sobre ellos en los próximos años – van a tener una consecuencia muy muy grande para las generaciones actuales y, por esta traslación de factores epigenéticos, para las generaciones futuras.
AG: ¿Girando la mirada hacia atrás, qué analogías y diferencias ves respecto a la gripe española de 1918? Fue en el contexto de la primera Guerra Mundial, había habido una desgracia muy importante con factores postraumáticos derivados de la guerra.
APL: En muchos aspectos hay muchas similitudes y, en este sentido, hablar de una pandemia ahora como si fuera la primera vez en la historia de la humanidad es absurdo. Ni es la primera pandemia ni va a ser la última. Pero sí que es una pandemia distinta. Porque tenemos una movilidad inconcebible y la capacidad de saber lo que está pasando en otro lugar también es mucho mayor. Con lo cual, el beneficio del conocimiento es mucho mayor. Estados Unidos se benefició en la respuesta sanitaria del hecho de que Italia y España y Europa fueran por delante en la ola de la Covid. Esto dio tiempo a Estados Unidos para preparar la respuesta. Es decir, el conocimiento da tiempo en la respuesta, pero también te llega mucho antes la pandemia. Yo creo que hay similitudes que son obvias, pero al mismo tiempo hay unas circunstancias que hacen que el impacto sea mucho mayor. Para bien y para mal. Porque también existe ahora la posibilidad de ofrecer apoyo y estar conectado de una manera, de nuevo, impensable hace muy poco. O sea, la capacidad de relacionarse con gente por telecomunicaciones es espectacular.
AG: ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación y las redes sociales?
APL: Yo creo que la tecnología en general y los medios en particular permiten mantenernos conectados, distribuir la información y, al mismo tiempo, ponen una enorme responsabilidad sobre ellos de infundir información que sea real. Y hemos visto que este no ha sido el caso, por falta de responsabilidad ética de las instituciones de los medios, pero también porque los individuos, en expresión de su propio miedo, han aumentado el estallido. Hay mucho conocimiento aparente que son anécdotas salidas de contexto y desvirtuadas. Pero hay también la oportunidad de usar los medios y las conexiones de una forma constructiva. Y creo que hemos visto algunos ejemplos positivos.
“El impacto sobre la gente mayor ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento”
AG: Nos decía el catedrático Villena de la Universitat Autònoma de Barcelona el pasado noviembre, que esta experiencia nos había dado una lección de humildad intelectual. Nos creíamos que éramos el top de la pirámide y resulta que no, que los microrganismos son los que realmente dominan la tierra. También hablaba que la edad te daba una perspectiva mayor que la juventud. ¿Cómo ha afectado, por niveles de edad, la epidemia?
APL: Es cierto que situaciones donde es obvia la limitación del conocimiento por parte de las organizaciones, de las culturas y de las instituciones humanas deben llevar a una vivencia de humildad. Pero no estoy seguro de que esto sea una cuestión jerárquica. Somos mucho más interdependientes y menos jerárquicos de lo que pensamos. Pero a postre somos consecuencia y causa de juegos que no controlamos a nivel biológico y a nivel mundial. Esta perspectiva cambia con la edad y somos más conscientes de ello, yo creo, la gente mayor. La gente mayor somos más conscientes de la incertidumbre vital, de esa levedad de la existencia donde cualquier cosita – un microbio que no ves – puede cambiar completamente el mundo. Esto es lo de Nassim Taleb de El cisne negro: tienes que ver uno, y cuando ves uno, ya sabes que existe. Es raro, sí, pero ocurre. Cuanto más vives, más oportunidades hay de ver eventos de esta naturaleza. Creo que, en este sentido, la posibilidad de aceptar la pandemia como lo que es, como una realidad que no vas a cambiar, es mayor en gente mayor. Pero al mismo tiempo, esta gente también tiene mayor riesgo de enfermar, mayor riesgo de sufrir las consecuencias negativas de la soledad, tiene mayor dependencia del contacto social, etc. Porque el impacto sobre la gente mayor, en lo referente a lo que yo me dedico clínicamente, ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento y de falta de poder hacer y de aceptación al mismo tiempo.
AG: Has hablado de un aumento del riesgo de padecer ciertas enfermedades neurodegenerativas. ¿Qué sabemos sobre ello?
APL: Un aumento de la enfermedad misma no hay. Lo que es importante es que, cuando pensamos en enfermedades neurodegenerativas, no estamos realmente contabilizando la presencia de la enfermedad, sino su manifestación clínica. En este sentido, en el caso del Alzheimer, por ejemplo, 1 de cada 4 enfermos con la enfermedad de Alzheimer no desarrolla demencia. Tiene la enfermedad, pero no desarrolla demencia. ¿Por qué? Porque la capacidad de reserva del cerebro de sobrellevar la patología es suficiente para mantenerla en función. Esta capacidad se ve mermada, la resiliencia cerebral se ve afectada, por ejemplo, por situaciones como la pandemia y la incertidumbre. No la infección, sino todo el fandango que supone la pandemia. En esas circunstancias, el número de enfermos con Alzheimer no tiene que aumentar, pero lo probable es que aumente el número de aquellos que manifiestan la enfermedad, porque se merma la capacidad de reserva de todos nosotros. Entonces, lo que encontramos es que hay más gente con un grado de discapacidad mayor en presencia de una enfermedad. Yo creo que este es el gran impacto sobre enfermedades neurodegenerativas y sobre salud cerebral y salud mental que estamos viendo. No es que haya más gente con estas enfermedades, sino que es que hay menos capacidad de todos nuestros cerebros de sobrellevar las enfermedades – si existen – porque el cerebro está ocupado en sobrellevar el estrés tremendo y el impacto nocivo de una situación que es muy complicada para este órgano.
AG: ¿En qué proyectos de investigación estás participando en estos momentos?
APL: Una parte importante del proyecto de investigación que hacemos es, precisamente, entender cuáles son los factores individuales que promueven la resiliencia cerebral. O sea, qué hacen los cerebros que mejor sobrellevan situaciones imprevistas como la pandemia de la Covid19. Es cierto que la pandemia tiene efectos negativos sobre la salud mental, tal y como hemos dicho, pero no es cierto que todos y cada uno de los ciudadanos estén peor. Algunas personas no están siendo afectadas o, incluso, están mejor de lo que estaban. Es decir, hay diferencias en el impacto. Y hay diferencias en el impacto, en parte genéticas y de predisposición, pero en parte también por la capacidad del cerebro de cada una de esas personas de poner en marcha mecanismos que promuevan la resiliencia cerebral, la capacidad de sobrellevar un imprevisto tan notable como la Covid19. En este sentido, no es distinta esta capacidad de lo que ocurre cuando uno tiene Alzheimer o tiene cáncer o se le muere un padre. Es el mismo fundamento neurobiológico pero puesto a test total por una situación muy extrema. Y nosotros lo que estamos intentado es entender cuáles son estos mecanismos y, sobre todo, entenderlos para poder fomentarlos. En Boston, en el centro de mayores del Marcus Institute, estamos mirando específicamente estos mecanismos con relación a healthy aging, es decir, cómo se traducen estos mecanismos en tener un envejecimiento saludable, un envejecimiento que acepte los imprevistos de la vida. Y también aprender las lecciones de los mayores para poderlas trasladar a los menos mayores, cuando realmente deberíamos empezarlas a aprender, a los 15, 20, 30 años, …
AG: Quisiera trasladarte una pregunta que ha planteado uno de nuestros socios. ¿Después de haber tenido que modificar nuestros patrones de comportamiento, será posible recuperar nuestras costumbres anteriores a la pandemia una vez todo esto acabe? En caso afirmativo, ¿costará mucho tiempo, teniendo en cuenta el gran estrés que hemos vivido?
APL: Yo creo que aquello de que “no se puede desbatir el huevo batido” es particularmente aplicable al sistema nervioso humano o de cualquier otro animal. Es decir, no puedes desandar el camino andado. Esto es lo de Machado. Con lo cual, el planteamiento de la gente cuando dice ‘queremos volver donde estábamos antes’ es impos
Antoni Guerrero (AG): Avui ens acompanya el Dr. Álvaro Pascual-Leone per parlar de la seva càtedra sobre els efectes de la pandèmia en la salut cerebral. El Dr. Pascual-Leone és un dels màxims especialistes en salut cerebral, catedràtic de Neurologia a Harvard i director a l’Institut Guttman. La primera pregunta no és tant de caire científic, sinó vivencial. Com ha estat la teva experiència personal, des dels EUA, durant aquesta pandèmia?
Álvaro Pascual-Leone (APL): Ha sido un año (o más de un año) complicado por muchas cosas. En primer lugar, porque ante una situación como esta no se puede anticipar y, por tanto, las normativas, reglamentos y directrices iniciales tienden siempre a ser excesivamente protectoras. Por lo tanto, de un día para otro, de venir mensualmente a Barcelona, no pude viajar ni salir de Harvard. Resultó un cierre radical, un aislamiento muy grande. Surgió la necesidad de cambiar la manera de hacer las cosas para poder seguir trabajando, la incertidumbre a nivel personal de pensar qué iba a pasar con los hijos y el resto de la familia. Afortunadamente, nosotros hemos estado bien. Pero el sufrimiento causado por la Covid en mucha gente es tremendo y el impacto que ha tenido la pandemia sobre enfermedades previas a la Covid también ha sido muy grande. Además, como médico, querer mantener la calidad de la asistencia, aún sabiendo el riesgo a que nos exponíamos y exponíamos a la familia, también ha sido un factor de preocupación.
Además, ahora también me cuestiono si el planteamiento inicial de ¿cuándo se va acabar? – con la expectativa que es una pandemia que va a desaparecer – fue equivocado y nos tendríamos que haber planteado antes que la Covid es una endemia, que se va a quedar y que tendremos que aprender a convivir con esa realidad. Ha sido y continúa siendo un ejemplo de cómo de rápida y, al mismo tiempo, cómo de lenta ha sido nuestra capacidad individual y social de responder a lo inesperado. Y te das cuenta de la enorme capacidad que hay de respuesta y de los avances que se hacen, pero lo mal que se nos da el decir ‘esto no lo sabemos’ y explicar a la gente los vacíos de conocimiento y aceptarlos como algo en lo que tenemos que navegar juntos.
“Lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega”
AG: ¿Has visto diferencias notables en relación a la capacidad de afrontar la situación entre Estados Unidos y Europa?
APL: Sí, creo que hay muchas diferencias. No sólo entre EUA y Europa, sino diferencias mucho más locales; diferencias entre distintos estados de EUA y, en Europa, diferencias entre distintas regiones dentro de un mismo país. Creo que lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia del liderazgo del que hablé en el 2019 aquí en Amics del País, la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega. Los ejemplos que tenemos en la respuesta a la pandemia creo que ilustran lo bien que responde el pueblo y la ciudadanía a un liderazgo constructivo, que empodere a la gente a entender por qué debe de actuar de una cierta manera, en oposición al intento de directrices obligatorias que generan rechazo. En este sentido, hay diferencias muy locales. En la zona de Boston, hay diferencias entre ciudades y pueblos.
Más a nivel global, la respuesta en EUA ha sido muy, muy polarizada por razones políticas, con promesas en el contexto electoral muy polarizantes, que han creado tensiones en los discursos y que se han traducido mal en la aceptación de políticas de salud pública. Pero al mismo tiempo, la capacidad de respuesta del sistema sanitario en EUA ha sido mejor que en Europa. El riesgo a que la gente no pudiera tener acceso al tratamiento médico ha sido menor que en Europa.
AG: A mí me llamó la atención ver al cirujano general de los EUA, el máximo jefe de sanidad del Ejército, en un vídeo explicando cómo fabricarse una mascarilla doméstica con unas gomas y una camiseta, en un contexto en el que no había mascarillas para toda la población. Me pareció fantástico como ejemplo de solidaridad y liderazgo intelectual.
APL: Es cierto. Pero, por otra parte, una camiseta nunca te va a aislar realmente. Te hará sentir que estás haciendo algo, lo cual es bueno, y algo te va a proteger, pero (la camiseta) te protege de una forma ínfima. Creo que de nuevo vuelve a ser un poco el ejemplo de la respuesta rápida y excesivamente guiada por las ganas de asegurar o tranquilizar a la gente y asegurar que la situación está controlada cuando, en realidad, no lo está. En vez de esto, quizás si se hubiera explicado a la gente que no sabemos lo que está pasando, que esto es lo que hacemos para intentar entenderlo y, de momento, que esto es lo que podemos hacer, la gente hubiera entendido mejor la situación y hubiera sido más partícipe.
AG: Y a nivel de la afectación del virus sobre el sistema nervioso central ¿qué nos puedes explicar?
APL: Uno de los primeros síntomas que se reconocieron como tal, y que es bastante notable desde el punto de vista de una infección vírica en el sistema nervioso, es el desarrollo de la anosmia. La evidencia de que realmente hay una infección neurotrópica que entra en el sistema nervioso central es algo que sabemos. Si éste es el factor patogenético primario de la enfermedad o no es otra cosa. Pero que el virus tiene esa capacidad y que entra en el sistema nervioso primario está claro desde el principio, desde el punto de vista de los síntomas que presentaba, al menos, alguna gente.
Creo que es parte de la lección, que nos cuesta aceptar pero que es importante, que el diseño estadístico tradicional es un nivel de análisis distinto del caso individual. Es decir, si hay una persona, a la cual le puedes hacer la autopsia, que tenga partículas del virus en el sistema nervioso central, es posible que el virus entre en el sistema nervioso central. Esto abre la puerta a los posibles efectos a largo plazo de haber sido expuesto al virus.
Pero esta no es toda la historia. También hay una expectativa de miedo, de reacción funcional del sistema nervioso, de respuesta del sistema nervioso central a una infección más general que a su vez altera el funcionamiento del sistema nervioso. Entonces, parte de las cosas que se describen como efecto de la infección directa al sistema nervioso central, probablemente, no es efecto directo de la infección del sistema nervioso central, sino que es una manifestación de la alteración funcional causada en el sistema nervioso central por toda una serie de factores. No es que el virus haya entrado en el cerebro, es que si tú sabes que tu mujer está enferma y te preocupas por tus hijos y por el impacto financiero sobre tu empresa y el miedo que todo esto supone y la incertidumbre de lo que va a pasar, etc, esto supone un estresante enorme de nuestro sistema nervioso central que, además, puede estar afectado por la infección misma.
Entonces, creo que parte de la cuestión de patofisiología de cuál es la causa de la alteración neurológica o de salud mental que da lugar la pandemia es compleja porque hay muchos factores que influyen, no sólo el virus que entra en el sistema neurológico central. Sin que esto pase, puede haber muchos efectos. Y esto es de lo que nos estamos dando cuenta. El impacto sobre la función cerebral, la salud mental y el funcionamiento neurológico es enorme. No sólo por el neurotropismo del virus, sino por todos los correlatos que tienen que ver con las circunstancias de la pandemia en si misma
AG: Este síntoma tan frecuente de la neblina cerebral, esta dificultad para gestionar correctamente el pensamiento, ¿es debido a esta afectación general?
APL: Yo creo que en parte es fruto de esta afectación general, pero en parte es fruto, desde un punto de vista más conceptual, de cosas más concretas que tienen que ver con el efecto nocebo y placebo. Recientemente, el grupo de Harvard publicó que los efectos secundarios de la vacuna, en gran medida, son manifestaciones del miedo de la persona a los efectos secundarios de la vacuna. O sea, puro nocebo, expectativa negativa. Esto no es sorprendente. Esto ilustra la enorme capacidad de nuestro sistema nervioso central para ayudarnos a ponernos mejor pero también para ayudar a ponernos enfermos (entre comillas). Creo que parte de lo que estamos viendo como consecuencias, incluso como consecuencias a largo plazo del funcionamiento del sistema nervioso central después de la Covid, con infección o simplemente con la pandemia, son manifestaciones de esas alteraciones reales, no ficticias, reales multifactoriales. A la postre, manifestaciones de un fallo de la capacidad del sistema nervioso de sobrellevar un estrés crónico, que es lo que es la pandemia. Esto se puede acentuar aún más si tienes una infección que daña ciertos circuitos, ciertos sustratos.
“Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas”
AG: Se ha hablado mucho del efecto de la pandemia sobre la población general, pero ¿cuál ha sido el efecto desestabilizador de la infección en las personas con enfermedades mentales previas?
APL: Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas en general porque la atención médica está siendo desviada por la atención aguda del virus, porque el cuidado médico está afectado por la sobrecarga del sistema y porque, además, el insulto que supone la infección o el estrés de la pandemia altera el sistema nervioso central aún más en alguien que ya tiene una alteración. Porque la capacidad de reserva del cerebro está alterada. Entonces, a nivel de salud mental, a nivel de enfermedades neurológicas, a nivel de demencia, lo que estamos viendo es un augmento de discapacidad tremenda.
Hay un síndrome que describió un profesor francés,Capgras, que es algo que conocemos pero que es raro de ver. Es una ilusión en la que el enfermo no es capaz de reconocer como real a alguien que conoce bien. En el caso original, una señora pensaba que su marido era un impostor. Es el también conocido como síndrome del impostor. Yo había visto este síndrome en mi carrera, únicamente, dos veces, pero durante la pandemia de Covid ya lo he visto once veces en enfermos con demencia y enfermedades subyacentes que desarrollan un síndrome de Capgras. ¿Por qué? Porque hay detalles reales que han cambiado, que no entroncan con la memoria de las personas. Como, por ejemplo, una paciente que me dijo que su marido no podía ser su marido porque ‘su marido no está nunca en casa’. Esa realidad no entronca con la memoria de la mujer, y la alteración subyacente de demencia le hace difícil el entablar la lógica y recordar que hay una pandemia y que su marido no puede salir a la calle. Entonces, el sistema nervioso descompensa dando lugar a síndromes que, normalmente, son muy raros y que ahora, por las circunstancias, se promocionan.
Este aumento de síndromes lo estamos viendo en depresiones, en aumentos de suicidio, en la soledad de los niños, en alteraciones de relaciones sociales, en niños que no han jugado tanto como deberían y que son excesivamente cercanos a sus padres y que tienen miedo a relacionarse con otros niños y otros adultos porque no han tenido la oportunidad de aprenderlo. Yo creo que vamos a ver consecuencias de todo esto muy a largo plazo y durante mucho tiempo.
AG: ¿En este sentido, la epidemia va a dejar huella en la genética y la epigenética?
APL: Nuestro estilo de vida, nuestras experiencias, nuestra realidad cotidiana modifica y deja huella porque hace que la producción de nuestros genes cambie de manera que lo traspasemos a nuestras generaciones futuras. Estos cambios epigenéticos – sin duda aprenderemos mucho sobre ellos en los próximos años – van a tener una consecuencia muy muy grande para las generaciones actuales y, por esta traslación de factores epigenéticos, para las generaciones futuras.
AG: ¿Girando la mirada hacia atrás, qué analogías y diferencias ves respecto a la gripe española de 1918? Fue en el contexto de la primera Guerra Mundial, había habido una desgracia muy importante con factores postraumáticos derivados de la guerra.
APL: En muchos aspectos hay muchas similitudes y, en este sentido, hablar de una pandemia ahora como si fuera la primera vez en la historia de la humanidad es absurdo. Ni es la primera pandemia ni va a ser la última. Pero sí que es una pandemia distinta. Porque tenemos una movilidad inconcebible y la capacidad de saber lo que está pasando en otro lugar también es mucho mayor. Con lo cual, el beneficio del conocimiento es mucho mayor. Estados Unidos se benefició en la respuesta sanitaria del hecho de que Italia y España y Europa fueran por delante en la ola de la Covid. Esto dio tiempo a Estados Unidos para preparar la respuesta. Es decir, el conocimiento da tiempo en la respuesta, pero también te llega mucho antes la pandemia. Yo creo que hay similitudes que son obvias, pero al mismo tiempo hay unas circunstancias que hacen que el impacto sea mucho mayor. Para bien y para mal. Porque también existe ahora la posibilidad de ofrecer apoyo y estar conectado de una manera, de nuevo, impensable hace muy poco. O sea, la capacidad de relacionarse con gente por telecomunicaciones es espectacular.
AG: ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación y las redes sociales?
APL: Yo creo que la tecnología en general y los medios en particular permiten mantenernos conectados, distribuir la información y, al mismo tiempo, ponen una enorme responsabilidad sobre ellos de infundir información que sea real. Y hemos visto que este no ha sido el caso, por falta de responsabilidad ética de las instituciones de los medios, pero también porque los individuos, en expresión de su propio miedo, han aumentado el estallido. Hay mucho conocimiento aparente que son anécdotas salidas de contexto y desvirtuadas. Pero hay también la oportunidad de usar los medios y las conexiones de una forma constructiva. Y creo que hemos visto algunos ejemplos positivos.
“El impacto sobre la gente mayor ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento”
AG: Nos decía el catedrático Villena de la Universitat Autònoma de Barcelona el pasado noviembre, que esta experiencia nos había dado una lección de humildad intelectual. Nos creíamos que éramos el top de la pirámide y resulta que no, que los microrganismos son los que realmente dominan la tierra. También hablaba que la edad te daba una perspectiva mayor que la juventud. ¿Cómo ha afectado, por niveles de edad, la epidemia?
APL: Es cierto que situaciones donde es obvia la limitación del conocimiento por parte de las organizaciones, de las culturas y de las instituciones humanas deben llevar a una vivencia de humildad. Pero no estoy seguro de que esto sea una cuestión jerárquica. Somos mucho más interdependientes y menos jerárquicos de lo que pensamos. Pero a postre somos consecuencia y causa de juegos que no controlamos a nivel biológico y a nivel mundial. Esta perspectiva cambia con la edad y somos más conscientes de ello, yo creo, la gente mayor. La gente mayor somos más conscientes de la incertidumbre vital, de esa levedad de la existencia donde cualquier cosita – un microbio que no ves – puede cambiar completamente el mundo. Esto es lo de Nassim Taleb de El cisne negro: tienes que ver uno, y cuando ves uno, ya sabes que existe. Es raro, sí, pero ocurre. Cuanto más vives, más oportunidades hay de ver eventos de esta naturaleza. Creo que, en este sentido, la posibilidad de aceptar la pandemia como lo que es, como una realidad que no vas a cambiar, es mayor en gente mayor. Pero al mismo tiempo, esta gente también tiene mayor riesgo de enfermar, mayor riesgo de sufrir las consecuencias negativas de la soledad, tiene mayor dependencia del contacto social, etc. Porque el impacto sobre la gente mayor, en lo referente a lo que yo me dedico clínicamente, ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento y de falta de poder hacer y de aceptación al mismo tiempo.
AG: Has hablado de un aumento del riesgo de padecer ciertas enfermedades neurodegenerativas. ¿Qué sabemos sobre ello?
APL: Un aumento de la enfermedad misma no hay. Lo que es importante es que, cuando pensamos en enfermedades neurodegenerativas, no estamos realmente contabilizando la presencia de la enfermedad, sino su manifestación clínica. En este sentido, en el caso del Alzheimer, por ejemplo, 1 de cada 4 enfermos con la enfermedad de Alzheimer no desarrolla demencia. Tiene la enfermedad, pero no desarrolla demencia. ¿Por qué? Porque la capacidad de reserva del cerebro de sobrellevar la patología es suficiente para mantenerla en función. Esta capacidad se ve mermada, la resiliencia cerebral se ve afectada, por ejemplo, por situaciones como la pandemia y la incertidumbre. No la infección, sino todo el fandango que supone la pandemia. En esas circunstancias, el número de enfermos con Alzheimer no tiene que aumentar, pero lo probable es que aumente el número de aquellos que manifiestan la enfermedad, porque se merma la capacidad de reserva de todos nosotros. Entonces, lo que encontramos es que hay más gente con un grado de discapacidad mayor en presencia de una enfermedad. Yo creo que este es el gran impacto sobre enfermedades neurodegenerativas y sobre salud cerebral y salud mental que estamos viendo. No es que haya más gente con estas enfermedades, sino que es que hay menos capacidad de todos nuestros cerebros de sobrellevar las enfermedades – si existen – porque el cerebro está ocupado en sobrellevar el estrés tremendo y el impacto nocivo de una situación que es muy complicada para este órgano.
AG: ¿En qué proyectos de investigación estás participando en estos momentos?
APL: Una parte importante del proyecto de investigación que hacemos es, precisamente, entender cuáles son los factores individuales que promueven la resiliencia cerebral. O sea, qué hacen los cerebros que mejor sobrellevan situaciones imprevistas como la pandemia de la Covid19. Es cierto que la pandemia tiene efectos negativos sobre la salud mental, tal y como hemos dicho, pero no es cierto que todos y cada uno de los ciudadanos estén peor. Algunas personas no están siendo afectadas o, incluso, están mejor de lo que estaban. Es decir, hay diferencias en el impacto. Y hay diferencias en el impacto, en parte genéticas y de predisposición, pero en parte también por la capacidad del cerebro de cada una de esas personas de poner en marcha mecanismos que promuevan la resiliencia cerebral, la capacidad de sobrellevar un imprevisto tan notable como la Covid19. En este sentido, no es distinta esta capacidad de lo que ocurre cuando uno tiene Alzheimer o tiene cáncer o se le muere un padre. Es el mismo fundamento neurobiológico pero puesto a test total por una situación muy extrema. Y nosotros lo que estamos intentado es entender cuáles son estos mecanismos y, sobre todo, entenderlos para poder fomentarlos. En Boston, en el centro de mayores del Marcus Institute, estamos mirando específicamente estos mecanismos con relación a healthy aging, es decir, cómo se traducen estos mecanismos en tener un envejecimiento saludable, un envejecimiento que acepte los imprevistos de la vida. Y también aprender las lecciones de los mayores para poderlas trasladar a los menos mayores, cuando realmente deberíamos empezarlas a aprender, a los 15, 20, 30 años, …
AG: Quisiera trasladarte una pregunta que ha planteado uno de nuestros socios. ¿Después de haber tenido que modificar nuestros patrones de comportamiento, será posible recuperar nuestras costumbres anteriores a la pandemia una vez todo esto acabe? En caso afirmativo, ¿costará mucho tiempo, teniendo en cuenta el gran estrés que hemos vivido?
APL: Yo creo que aquello de que “no se puede desbatir el huevo batido” es particularmente aplicable al sistema nervioso humano o de cualquier otro animal. Es decir, no puedes desandar el camino andado. Esto es lo de Machado. Con lo cual, el planteamiento de la gente cuando dice ‘queremos volver donde estábamos antes’ es impos
Antoni Guerrero (AG): Avui ens acompanya el Dr. Álvaro Pascual-Leone per parlar de la seva càtedra sobre els efectes de la pandèmia en la salut cerebral. El Dr. Pascual-Leone és un dels màxims especialistes en salut cerebral, catedràtic de Neurologia a Harvard i director a l’Institut Guttman. La primera pregunta no és tant de caire científic, sinó vivencial. Com ha estat la teva experiència personal, des dels EUA, durant aquesta pandèmia?
Álvaro Pascual-Leone (APL): Ha sido un año (o más de un año) complicado por muchas cosas. En primer lugar, porque ante una situación como esta no se puede anticipar y, por tanto, las normativas, reglamentos y directrices iniciales tienden siempre a ser excesivamente protectoras. Por lo tanto, de un día para otro, de venir mensualmente a Barcelona, no pude viajar ni salir de Harvard. Resultó un cierre radical, un aislamiento muy grande. Surgió la necesidad de cambiar la manera de hacer las cosas para poder seguir trabajando, la incertidumbre a nivel personal de pensar qué iba a pasar con los hijos y el resto de la familia. Afortunadamente, nosotros hemos estado bien. Pero el sufrimiento causado por la Covid en mucha gente es tremendo y el impacto que ha tenido la pandemia sobre enfermedades previas a la Covid también ha sido muy grande. Además, como médico, querer mantener la calidad de la asistencia, aún sabiendo el riesgo a que nos exponíamos y exponíamos a la familia, también ha sido un factor de preocupación.
Además, ahora también me cuestiono si el planteamiento inicial de ¿cuándo se va acabar? – con la expectativa que es una pandemia que va a desaparecer – fue equivocado y nos tendríamos que haber planteado antes que la Covid es una endemia, que se va a quedar y que tendremos que aprender a convivir con esa realidad. Ha sido y continúa siendo un ejemplo de cómo de rápida y, al mismo tiempo, cómo de lenta ha sido nuestra capacidad individual y social de responder a lo inesperado. Y te das cuenta de la enorme capacidad que hay de respuesta y de los avances que se hacen, pero lo mal que se nos da el decir ‘esto no lo sabemos’ y explicar a la gente los vacíos de conocimiento y aceptarlos como algo en lo que tenemos que navegar juntos.
“Lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega”
AG: ¿Has visto diferencias notables en relación a la capacidad de afrontar la situación entre Estados Unidos y Europa?
APL: Sí, creo que hay muchas diferencias. No sólo entre EUA y Europa, sino diferencias mucho más locales; diferencias entre distintos estados de EUA y, en Europa, diferencias entre distintas regiones dentro de un mismo país. Creo que lo que muestra de forma muy clara y radical la pandemia es la importancia del liderazgo del que hablé en el 2019 aquí en Amics del País, la importancia de líderes que sepan trasladar una visión y engarzar a la gente a seguir esa visión con aceptación constructiva, no con fe ciega. Los ejemplos que tenemos en la respuesta a la pandemia creo que ilustran lo bien que responde el pueblo y la ciudadanía a un liderazgo constructivo, que empodere a la gente a entender por qué debe de actuar de una cierta manera, en oposición al intento de directrices obligatorias que generan rechazo. En este sentido, hay diferencias muy locales. En la zona de Boston, hay diferencias entre ciudades y pueblos.
Más a nivel global, la respuesta en EUA ha sido muy, muy polarizada por razones políticas, con promesas en el contexto electoral muy polarizantes, que han creado tensiones en los discursos y que se han traducido mal en la aceptación de políticas de salud pública. Pero al mismo tiempo, la capacidad de respuesta del sistema sanitario en EUA ha sido mejor que en Europa. El riesgo a que la gente no pudiera tener acceso al tratamiento médico ha sido menor que en Europa.
AG: A mí me llamó la atención ver al cirujano general de los EUA, el máximo jefe de sanidad del Ejército, en un vídeo explicando cómo fabricarse una mascarilla doméstica con unas gomas y una camiseta, en un contexto en el que no había mascarillas para toda la población. Me pareció fantástico como ejemplo de solidaridad y liderazgo intelectual.
APL: Es cierto. Pero, por otra parte, una camiseta nunca te va a aislar realmente. Te hará sentir que estás haciendo algo, lo cual es bueno, y algo te va a proteger, pero (la camiseta) te protege de una forma ínfima. Creo que de nuevo vuelve a ser un poco el ejemplo de la respuesta rápida y excesivamente guiada por las ganas de asegurar o tranquilizar a la gente y asegurar que la situación está controlada cuando, en realidad, no lo está. En vez de esto, quizás si se hubiera explicado a la gente que no sabemos lo que está pasando, que esto es lo que hacemos para intentar entenderlo y, de momento, que esto es lo que podemos hacer, la gente hubiera entendido mejor la situación y hubiera sido más partícipe.
AG: Y a nivel de la afectación del virus sobre el sistema nervioso central ¿qué nos puedes explicar?
APL: Uno de los primeros síntomas que se reconocieron como tal, y que es bastante notable desde el punto de vista de una infección vírica en el sistema nervioso, es el desarrollo de la anosmia. La evidencia de que realmente hay una infección neurotrópica que entra en el sistema nervioso central es algo que sabemos. Si éste es el factor patogenético primario de la enfermedad o no es otra cosa. Pero que el virus tiene esa capacidad y que entra en el sistema nervioso primario está claro desde el principio, desde el punto de vista de los síntomas que presentaba, al menos, alguna gente.
Creo que es parte de la lección, que nos cuesta aceptar pero que es importante, que el diseño estadístico tradicional es un nivel de análisis distinto del caso individual. Es decir, si hay una persona, a la cual le puedes hacer la autopsia, que tenga partículas del virus en el sistema nervioso central, es posible que el virus entre en el sistema nervioso central. Esto abre la puerta a los posibles efectos a largo plazo de haber sido expuesto al virus.
Pero esta no es toda la historia. También hay una expectativa de miedo, de reacción funcional del sistema nervioso, de respuesta del sistema nervioso central a una infección más general que a su vez altera el funcionamiento del sistema nervioso. Entonces, parte de las cosas que se describen como efecto de la infección directa al sistema nervioso central, probablemente, no es efecto directo de la infección del sistema nervioso central, sino que es una manifestación de la alteración funcional causada en el sistema nervioso central por toda una serie de factores. No es que el virus haya entrado en el cerebro, es que si tú sabes que tu mujer está enferma y te preocupas por tus hijos y por el impacto financiero sobre tu empresa y el miedo que todo esto supone y la incertidumbre de lo que va a pasar, etc, esto supone un estresante enorme de nuestro sistema nervioso central que, además, puede estar afectado por la infección misma.
Entonces, creo que parte de la cuestión de patofisiología de cuál es la causa de la alteración neurológica o de salud mental que da lugar la pandemia es compleja porque hay muchos factores que influyen, no sólo el virus que entra en el sistema neurológico central. Sin que esto pase, puede haber muchos efectos. Y esto es de lo que nos estamos dando cuenta. El impacto sobre la función cerebral, la salud mental y el funcionamiento neurológico es enorme. No sólo por el neurotropismo del virus, sino por todos los correlatos que tienen que ver con las circunstancias de la pandemia en si misma
AG: Este síntoma tan frecuente de la neblina cerebral, esta dificultad para gestionar correctamente el pensamiento, ¿es debido a esta afectación general?
APL: Yo creo que en parte es fruto de esta afectación general, pero en parte es fruto, desde un punto de vista más conceptual, de cosas más concretas que tienen que ver con el efecto nocebo y placebo. Recientemente, el grupo de Harvard publicó que los efectos secundarios de la vacuna, en gran medida, son manifestaciones del miedo de la persona a los efectos secundarios de la vacuna. O sea, puro nocebo, expectativa negativa. Esto no es sorprendente. Esto ilustra la enorme capacidad de nuestro sistema nervioso central para ayudarnos a ponernos mejor pero también para ayudar a ponernos enfermos (entre comillas). Creo que parte de lo que estamos viendo como consecuencias, incluso como consecuencias a largo plazo del funcionamiento del sistema nervioso central después de la Covid, con infección o simplemente con la pandemia, son manifestaciones de esas alteraciones reales, no ficticias, reales multifactoriales. A la postre, manifestaciones de un fallo de la capacidad del sistema nervioso de sobrellevar un estrés crónico, que es lo que es la pandemia. Esto se puede acentuar aún más si tienes una infección que daña ciertos circuitos, ciertos sustratos.
“Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas”
AG: Se ha hablado mucho del efecto de la pandemia sobre la población general, pero ¿cuál ha sido el efecto desestabilizador de la infección en las personas con enfermedades mentales previas?
APL: Una de las mayores víctimas de la pandemia son las personas con enfermedades crónicas en general porque la atención médica está siendo desviada por la atención aguda del virus, porque el cuidado médico está afectado por la sobrecarga del sistema y porque, además, el insulto que supone la infección o el estrés de la pandemia altera el sistema nervioso central aún más en alguien que ya tiene una alteración. Porque la capacidad de reserva del cerebro está alterada. Entonces, a nivel de salud mental, a nivel de enfermedades neurológicas, a nivel de demencia, lo que estamos viendo es un augmento de discapacidad tremenda.
Hay un síndrome que describió un profesor francés,Capgras, que es algo que conocemos pero que es raro de ver. Es una ilusión en la que el enfermo no es capaz de reconocer como real a alguien que conoce bien. En el caso original, una señora pensaba que su marido era un impostor. Es el también conocido como síndrome del impostor. Yo había visto este síndrome en mi carrera, únicamente, dos veces, pero durante la pandemia de Covid ya lo he visto once veces en enfermos con demencia y enfermedades subyacentes que desarrollan un síndrome de Capgras. ¿Por qué? Porque hay detalles reales que han cambiado, que no entroncan con la memoria de las personas. Como, por ejemplo, una paciente que me dijo que su marido no podía ser su marido porque ‘su marido no está nunca en casa’. Esa realidad no entronca con la memoria de la mujer, y la alteración subyacente de demencia le hace difícil el entablar la lógica y recordar que hay una pandemia y que su marido no puede salir a la calle. Entonces, el sistema nervioso descompensa dando lugar a síndromes que, normalmente, son muy raros y que ahora, por las circunstancias, se promocionan.
Este aumento de síndromes lo estamos viendo en depresiones, en aumentos de suicidio, en la soledad de los niños, en alteraciones de relaciones sociales, en niños que no han jugado tanto como deberían y que son excesivamente cercanos a sus padres y que tienen miedo a relacionarse con otros niños y otros adultos porque no han tenido la oportunidad de aprenderlo. Yo creo que vamos a ver consecuencias de todo esto muy a largo plazo y durante mucho tiempo.
AG: ¿En este sentido, la epidemia va a dejar huella en la genética y la epigenética?
APL: Nuestro estilo de vida, nuestras experiencias, nuestra realidad cotidiana modifica y deja huella porque hace que la producción de nuestros genes cambie de manera que lo traspasemos a nuestras generaciones futuras. Estos cambios epigenéticos – sin duda aprenderemos mucho sobre ellos en los próximos años – van a tener una consecuencia muy muy grande para las generaciones actuales y, por esta traslación de factores epigenéticos, para las generaciones futuras.
AG: ¿Girando la mirada hacia atrás, qué analogías y diferencias ves respecto a la gripe española de 1918? Fue en el contexto de la primera Guerra Mundial, había habido una desgracia muy importante con factores postraumáticos derivados de la guerra.
APL: En muchos aspectos hay muchas similitudes y, en este sentido, hablar de una pandemia ahora como si fuera la primera vez en la historia de la humanidad es absurdo. Ni es la primera pandemia ni va a ser la última. Pero sí que es una pandemia distinta. Porque tenemos una movilidad inconcebible y la capacidad de saber lo que está pasando en otro lugar también es mucho mayor. Con lo cual, el beneficio del conocimiento es mucho mayor. Estados Unidos se benefició en la respuesta sanitaria del hecho de que Italia y España y Europa fueran por delante en la ola de la Covid. Esto dio tiempo a Estados Unidos para preparar la respuesta. Es decir, el conocimiento da tiempo en la respuesta, pero también te llega mucho antes la pandemia. Yo creo que hay similitudes que son obvias, pero al mismo tiempo hay unas circunstancias que hacen que el impacto sea mucho mayor. Para bien y para mal. Porque también existe ahora la posibilidad de ofrecer apoyo y estar conectado de una manera, de nuevo, impensable hace muy poco. O sea, la capacidad de relacionarse con gente por telecomunicaciones es espectacular.
AG: ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación y las redes sociales?
APL: Yo creo que la tecnología en general y los medios en particular permiten mantenernos conectados, distribuir la información y, al mismo tiempo, ponen una enorme responsabilidad sobre ellos de infundir información que sea real. Y hemos visto que este no ha sido el caso, por falta de responsabilidad ética de las instituciones de los medios, pero también porque los individuos, en expresión de su propio miedo, han aumentado el estallido. Hay mucho conocimiento aparente que son anécdotas salidas de contexto y desvirtuadas. Pero hay también la oportunidad de usar los medios y las conexiones de una forma constructiva. Y creo que hemos visto algunos ejemplos positivos.
“El impacto sobre la gente mayor ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento”
AG: Nos decía el catedrático Villena de la Universitat Autònoma de Barcelona el pasado noviembre, que esta experiencia nos había dado una lección de humildad intelectual. Nos creíamos que éramos el top de la pirámide y resulta que no, que los microrganismos son los que realmente dominan la tierra. También hablaba que la edad te daba una perspectiva mayor que la juventud. ¿Cómo ha afectado, por niveles de edad, la epidemia?
APL: Es cierto que situaciones donde es obvia la limitación del conocimiento por parte de las organizaciones, de las culturas y de las instituciones humanas deben llevar a una vivencia de humildad. Pero no estoy seguro de que esto sea una cuestión jerárquica. Somos mucho más interdependientes y menos jerárquicos de lo que pensamos. Pero a postre somos consecuencia y causa de juegos que no controlamos a nivel biológico y a nivel mundial. Esta perspectiva cambia con la edad y somos más conscientes de ello, yo creo, la gente mayor. La gente mayor somos más conscientes de la incertidumbre vital, de esa levedad de la existencia donde cualquier cosita – un microbio que no ves – puede cambiar completamente el mundo. Esto es lo de Nassim Taleb de El cisne negro: tienes que ver uno, y cuando ves uno, ya sabes que existe. Es raro, sí, pero ocurre. Cuanto más vives, más oportunidades hay de ver eventos de esta naturaleza. Creo que, en este sentido, la posibilidad de aceptar la pandemia como lo que es, como una realidad que no vas a cambiar, es mayor en gente mayor. Pero al mismo tiempo, esta gente también tiene mayor riesgo de enfermar, mayor riesgo de sufrir las consecuencias negativas de la soledad, tiene mayor dependencia del contacto social, etc. Porque el impacto sobre la gente mayor, en lo referente a lo que yo me dedico clínicamente, ha sido enorme por su vivencia de miedo para aquellos que quieren, pero también por su sensación de aislamiento y de falta de poder hacer y de aceptación al mismo tiempo.
AG: Has hablado de un aumento del riesgo de padecer ciertas enfermedades neurodegenerativas. ¿Qué sabemos sobre ello?
APL: Un aumento de la enfermedad misma no hay. Lo que es importante es que, cuando pensamos en enfermedades neurodegenerativas, no estamos realmente contabilizando la presencia de la enfermedad, sino su manifestación clínica. En este sentido, en el caso del Alzheimer, por ejemplo, 1 de cada 4 enfermos con la enfermedad de Alzheimer no desarrolla demencia. Tiene la enfermedad, pero no desarrolla demencia. ¿Por qué? Porque la capacidad de reserva del cerebro de sobrellevar la patología es suficiente para mantenerla en función. Esta capacidad se ve mermada, la resiliencia cerebral se ve afectada, por ejemplo, por situaciones como la pandemia y la incertidumbre. No la infección, sino todo el fandango que supone la pandemia. En esas circunstancias, el número de enfermos con Alzheimer no tiene que aumentar, pero lo probable es que aumente el número de aquellos que manifiestan la enfermedad, porque se merma la capacidad de reserva de todos nosotros. Entonces, lo que encontramos es que hay más gente con un grado de discapacidad mayor en presencia de una enfermedad. Yo creo que este es el gran impacto sobre enfermedades neurodegenerativas y sobre salud cerebral y salud mental que estamos viendo. No es que haya más gente con estas enfermedades, sino que es que hay menos capacidad de todos nuestros cerebros de sobrellevar las enfermedades – si existen – porque el cerebro está ocupado en sobrellevar el estrés tremendo y el impacto nocivo de una situación que es muy complicada para este órgano.
AG: ¿En qué proyectos de investigación estás participando en estos momentos?
APL: Una parte importante del proyecto de investigación que hacemos es, precisamente, entender cuáles son los factores individuales que promueven la resiliencia cerebral. O sea, qué hacen los cerebros que mejor sobrellevan situaciones imprevistas como la pandemia de la Covid19. Es cierto que la pandemia tiene efectos negativos sobre la salud mental, tal y como hemos dicho, pero no es cierto que todos y cada uno de los ciudadanos estén peor. Algunas personas no están siendo afectadas o, incluso, están mejor de lo que estaban. Es decir, hay diferencias en el impacto. Y hay diferencias en el impacto, en parte genéticas y de predisposición, pero en parte también por la capacidad del cerebro de cada una de esas personas de poner en marcha mecanismos que promuevan la resiliencia cerebral, la capacidad de sobrellevar un imprevisto tan notable como la Covid19. En este sentido, no es distinta esta capacidad de lo que ocurre cuando uno tiene Alzheimer o tiene cáncer o se le muere un padre. Es el mismo fundamento neurobiológico pero puesto a test total por una situación muy extrema. Y nosotros lo que estamos intentado es entender cuáles son estos mecanismos y, sobre todo, entenderlos para poder fomentarlos. En Boston, en el centro de mayores del Marcus Institute, estamos mirando específicamente estos mecanismos con relación a healthy aging, es decir, cómo se traducen estos mecanismos en tener un envejecimiento saludable, un envejecimiento que acepte los imprevistos de la vida. Y también aprender las lecciones de los mayores para poderlas trasladar a los menos mayores, cuando realmente deberíamos empezarlas a aprender, a los 15, 20, 30 años, …
AG: Quisiera trasladarte una pregunta que ha planteado uno de nuestros socios. ¿Después de haber tenido que modificar nuestros patrones de comportamiento, será posible recuperar nuestras costumbres anteriores a la pandemia una vez todo esto acabe? En caso afirmativo, ¿costará mucho tiempo, teniendo en cuenta el gran estrés que hemos vivido?
APL: Yo creo que aquello de que “no se puede desbatir el huevo batido” es particularmente aplicable al sistema nervioso humano o de cualquier otro animal. Es decir, no puedes desandar el camino andado. Esto es lo de Machado. Con lo cual, el planteamiento de la gente cuando dice ‘queremos volver donde estábamos antes’ es impos
El pasado 31 de enero, Isidre Fainé, presidente de la Fundación “la Caixa”, participó en Barcelona Tribuna pronunciando la conferencia “Las influencias de la SEBAP en el mundo financiero”, el primer acto del ciclo “Las nuevas murallas”, en conmemoración del bicentenario de la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País. Isidre Fainé remontó hasta 1902 para explicar la trayectoria de una…
‘Hoy iniciamos un ciclo para celebrar los doscientos años de historia ininterrumpida de la SEBAP junto al progreso de la ciudad y del país‘ anunció Miquel Roca, presidente de la entidad. La escolarización y la educación de los niños, la protección del trabajo de las mujeres, la promoción de vivienda social y, más recientemente, las 150 becas de posgrado a estudiantes de universidades de nuestro país son algunas de las metas relevantes que Miquel Roca enumeró durante su discurso de presentación.
Otro hecho histórico de la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País fue su papel destacado en la fundación de la Caja de Pensiones de la Vejez en 1904 de la mano de Francesc Moragues, socio de la entidad. La Caja de Pensiones de la Vejez y el Ahorro se creó con los fondos de aprovisionamiento que recolectaron los asociados de Amics del País para hacer frente a los desperfectos a raíz de los conflictos sociales de la época. Y desde entonces, los beneficios de la entidad después de reservas se han destinado a acciones sociales y benéficas.
“La Caja de Pensiones y Ahorros nació abrazada al compromiso social” afirmó Isidre Fainé, quien durante su intervención repasó los más de cien años de trayectoria de la entidad y los valores que le han acompañado hasta el día de hoy: ‘la responsabilidad, la defensa del interés colectivo, la libertad, la confianza, el compromiso, la prudencia, el coraje, la perseverancia, el conocimiento y la calidad del servicio‘.
Actualmente, el patrimonio de la Fundación ‘la Caixa’ supera los 20.000 millones de euros y ‘el presupuesto de la obra social, actualmente de 500 millones de euros, ha sido protegido incluso en los momentos más difíciles‘, como la crisis de 2008.
Preguntado por las perspectivas de futuro, Isidre Fainé ha enfatizado en la importancia de trabajar para proteger la infancia y la vejez de la pobreza y la exclusión social, así como el fomento de la investigación y el conocimiento.
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El pasado 10 de diciembre, el presidente de la Generalitat de Catalunya, Pere Aragonès, participó en un debate y coloquio, titulado “Reindustrialització verda i digital. Claus d’una reactivació econòmica transformadora”, en el marco del Barcelona Tribuna. El acto, organizado por la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País, contó con la participación de personalidades destacadas del…
Durante su intervención, el presidente de la Generalitat reclamó volver a “pensar en grande” y “provocar una gran sacudida” en el país para impulsar la recuperación económicay hacer frente de forma transformadora a unas desigualdades sociales injustas y crecientes como también a los retos del cambio climático y la digitalización. “La reconstrucción de la Catalunya post Covid no puede ser volver al modelo que había antes del marzo del 2020”, sentenció, “sino que Catalunya debe convertirse en un estado emprendedor que se sitúe al lado de la creación de riqueza para repartirla”, añadió.
En este sentido, Pere Aragonès pidió la complicidad y alineación de todos los actores sociales, económicos y políticos para generar un círculo virtuoso para crear competitividad basada en el talento y la innovación, y no en salarios bajos. El Pacto Nacional por la Industria va en esa dirección, afirmó el presidente, ya que quiere ser ‘un salto adelante significativo en competitividad, utilizando la sostenibilidad y la digitalización como palanca de transformación‘.
Pero ‘también se necesitan recursos’, añadió Pere Aragonès. “Tenemos una gran oportunidad con los Fondos Next Generation que no podemos desperdiciar” y advirtió de no utilizarlos para hacer política anticíclica, sino que deben destinarse “en clave transformadora” para convertir Barcelona en el núcleo del diseño y prototipaje del chip europeo, ‘un factor estratégico para alcanzar también la soberanía tecnológica’; o para invertir en la construcción de la fábrica de reciclaje de baterías, entre otros.
En cuanto a la transición energética, ‘que debe afrontarse sin más demora’, el presidente afirmó que hay que hacerlo de forma diferente y mejor de cómo se han hecho las demás revoluciones energéticas en nuestro país. En ese sentido, reclamó ambición, participación ciudadana y consenso.
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El pasado 30 de noviembre, el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig, participó en la conferencia-coloquio de Barcelona Tribuna bajo el título “Societat de respecte. La via valenciana per a l’entesa, la igualtat i la cohesió”. Durante su intervención, el presidente defendió la idea de una ‘España policéntrica’ y el trabajo que se ha…
Miquel Roca, presidente de la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País, presentó a Ximo Puig como “una voz serena en plena tormenta”, haciendo clara referencia al papel de la Comunidad Valenciana y su presidente a la hora de generar “esperanza”, en un contexto complicado [la construcción descentralizada del poder político en el conjunto del Estado] donde se mezclan “sentimientos y sensibilidades, por un lado, y la necesidad de una buena coordinación hacia un interés común y un proyecto colectivo y compartido, por otro”.
El acto, celebrado en el Caixaforum Macaya de la Fundación “la Caixa” contó con la presencia del expresidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, el exministro de sanidad y jefe de la oposición Salvador Illa, la diputada Jèssica Albiach y el exministro Joan Majó, entre otras personalidades relevantes de la escena económica y política catalana y valenciana. El coloquio fue moderado por Enric Sierra, periodista de La Vanguardia.
Ximo Puig reclamó unidad ante la ‘reivindicación de una financiación justa‘ y una ‘respuesta coherente a un efecto de capitalidad [Madrid] que funciona como una aspiradora de recursos’. También resaltó la urgencia del corredor mediterráneo como ‘paradigma superador de la radialidad, garante de la eficiencia y activo para el aumento de la productividad’ del arco mediterráneo. En este sentido, se preguntó ‘qué sentido tiene ausentarse de las mesas donde se juegan las partidas del futuro’, en clara alusión a los partidos independentistas catalanes.
Preguntado por su encuentro con el presidente Aragonès, el presidente Puig resaltó el clima menos crispado que existe en Catalunya y en Barcelona respecto a los últimos años. “No se ha pedido a nadie que renuncie a sus ideas, pero sí es necesario hacer un ejercicio de ética de la responsabilidad”, afirmó, y volvió a pedir que Catalunya participara en las reuniones multilaterales para tener más fuerza y porque “sería bueno para Catalunya y para todos”.
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The importance of energy-environmental taxation in the transition to decarbonized economies does not correspond to its actual role due to several constraints on its application. This paper emphasizes one of the main barriers, the negative impacts on distribution and equity, and suggests alternatives to mitigate these effects. In particular, it lists a series of fiscal…
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‘El futuro de Barcelona pasa, una vez más, por liderar las transformaciones necesarias para dar respuesta a los retos globales’ sentenció la alcaldesa Ada Colau en el foro Barcelona Tribuna de Amics del País, celebrado el pasado 2 de junio en la sala de actos del Caixaforum Macaya, clausurando el ciclo (Re)Imaginem Barcelona. Durante su…
Barcelona es la capital con mayor inversión social por habitante de todo el estado español, es líder en la construcción de vivienda social en España. El modelo de turismo impulsado por el ayuntamiento durante la última legislatura es referente en Europa y en el mundo. Además, la ciudad condal es la segunda ciudad (después de Londres) en atracción tecnológica y está ubicada entre las veinticinco ciudades del mundo más competitivas en innovación. ‘Barcelona no ha empeorado su posicionamiento, más bien lo contrario’, defendió la alcaldesa Colau. “Se han recuperado zonas de motor económico que habían estado muchos años paradas, como Sagrera y Marina, se ha reimpulsado el 22@, se ha presentado la nueva fase del campus Diagonal-Besòs y la Ciutadella del Conocimiento” (…). El cambio económico que impulsamos va de la mano del objetivo de lucha contra el cambio climático y la contaminación”, afirmó.
Sin embargo, Miquel Roca, presidente de Amics del País, recordó a la alcaldesa que las encuestas ponen de manifiesto un cierto descontento por parte de la ciudadanía, que ‘no encuentra respuestas a la acción institucional y política’. En este sentido, Ada Colau lo achacó al momento de transición que vive la ciudad. ‘El contexto no es fácil, vivimos un momento de crisis económica, de transformaciones pendientes, de obras y pruebas pilotos (…) pero soy optimista porque los resultados serán convincentes y hablarán por sí solos‘, afirmó.
“Barcelona tiene el talento y las capacidades” para liderar la innovación necesaria y ser referente internacional en la salida de la crisis, en la transformación verde y digital, etc. pero esto sólo será posible con estabilidad política, lealtad institucional y una amplia y abierta colaboración entre todos los sectores sociales y económicos. ‘Son tiempos de diálogo‘ sentenció Ada Colau.
En ese mismo sentido se refirió al debate sobre el aeropuerto. ‘El debate no puede ser aeropuerto sí o no, sino sobre qué infraestructuras necesitamos para los objetivos compartidos‘, que son movilidad eficaz y eficiente y una mejor conectividad, teniendo en cuenta el ‘imperativo de la UE’ que es la reducción de emisiones. Y aprovechó para reclamar la mejora de la conectividad ferroviaria por parte de todas las instituciones.
En cuanto a la cuestión metropolitana, Ada Colau afirmó que “la realidad cotidiana de nuestras políticas ya es metropolitana y, por tanto, es necesaria una gobernanza a la altura del s. XXI y adaptada a esa realidad”.
La alcaldesa Ada Cola cerró el ciclo (Re)Imaginem Barcelona, por el que pasaron veinticuatro personalidades y especialistas con la voluntad de reflexionar y compartir opiniones para reinterpretar la función de Barcelona en un mundo cambiante, en un mundo nuevo.
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